Paco Contreras

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Los siguientes textos que quiero compartir con todos son reflexiones personales, ideas y pensamientos puestos por escrito, y algún que otro texto que acompañó a un catálogo en su momento. También podría decir que ofrecen otra faceta de lo que hago, enlazando algunas veces con alguna de mis obras, y otras veces resultan sólo un ejercicio de estilo para mi propio disfrute.


Espero que gusten.





Nosotros no somos artistas



Nosotros no somos artistas, somos científicos, necesitamos investigar, inquirir a la realidad sobre todo tipo de cosas; necesitamos clasificar, seleccionar y ordenar para luego poder escoger nuestro punto de apoyo en cada determinado momento. Esto nos permite ser ingenieros, químicos, físicos, matemáticos, albañiles, y a la misma vez ser filósofos, escritores, actores, pintores, filólogos, abogados…


Nos fijamos, miramos lo que los demás no miran, y lo mostramos de tal suerte que a veces aparece o reaparece ante todos mostrándose diferente.



Sobre lo anónimo



Nuestra tesis parte de una cuestión surgida tras la lectura de los textos propuestos en clase, y no sólo de éstos, sino también de otros textos que hacen referencia a las cuestiones sobre lo público y lo privado, lo institucional o político y lo individual o independiente, los activismos y la globalización.


En este presente tan belicoso que nos ha tocado vivir, el arte, al igual que la vida, sufre, se convulsiona y genera reacciones espontáneas de repulsa en cualquier ser humano que se precie de serlo (excepto en algunos casos de los que no quiero hablar en este escrito).


Hoy, más que nunca, la vida, lo humano está amenazado por el poder desmesurado de unos pocos. No sólo la locura de la guerra hace necesario el cuestionamiento de los usos políticos, de lo institucional, sino que también el día a día de cualquier ciudadano se ve afectado en gran medida por aquellos,

Retrato de Inocencio X pintado por Velazquez en 1650

ya que en mi opinión cualquier gesto que hacemos tiene siempre alguna carga política en mayor o menor medida, y que duda cabe que, el arte es, o debe ser político, comprometido con su tiempo… e incluso en la negación de esa condición, hay una afirmación intrínseca de esa esencia (por contraposición).



Si, como todas las ideas nos conducen a ello, todo arte es político

(1)

, puesto que es una expresión cultural de cualquier sociedad humana

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(una forma de comunicación) y a la par es un acto de libertad individual; por qué al final acaba siendo asimilado por el sistema (sea mercantil, historiográfico o iconográfico) y acaba perdiendo su valor crítico y libertario.


La pregunta que nos realizamos es la siguiente: ¿Es posible escapar a esa constante integración o institucionalización del arte, a la anestesia que produce el cedazo de lo normativo?


A esta pregunta pueden servirle diversas respuestas lanzadas por otros tantos pensadores o teóricos, aunque a mi parecer, ni consiguen eliminar la parte indeseada de la ecuación, el ogro institucional, ni aceptan que jugando con éste, aún en pos de objetivos superiores, tarde o temprano se cae dentro de la misma trampa de la que se quería escapar.



Para Guy Debord

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, en la década de los sesenta, la sociedad occidental sufría una gran crisis de valores, donde el espectáculo y la imagen en general primaban sobre cualquier otra cosa: ya no era suficiente con Ser, sino que también había que Tener, o Aparentar que se tenían cosas. El mercado y la publicidad paralizaban nuestra capacidad de decisión, nuestra libertad, bombardeando nuestras mentes con necesidades de consumo, que en todo caso eran prescindibles. Él propuso un cambio radical, una crítica de las condiciones sociales existentes, y su superación consciente hacia la invención de nuevas leyes que rigieran las relaciones entre las personas, y no una continuación y perpetuación de las creadas ya por otros.


Estas expectativas nunca se cumplieron, y hoy en día parecen más ciertas que nunca sus observaciones críticas sobre la sociedad de consumo de espectáculo que nos rodea.


En nuestra opinión, el cambio no pudo partir de unos pocos líderes o guías como él (nunca fueron bien recibidos los salvadores), debió ser una revolución interior y personal, espontánea, algo que en realidad resulta utópico.



José Luis Brea dejaba entrever al final de su texto Ornamento y Utopía

(4)

, que el mejor medio que tiene el artista contemporáneo para superar las fuerzas atractivas de lo institucional,

Stencil realizado por Banksy sobre un muro en un espacio público de la ciudad de Bristol

es producir sus obras con un sentido utópico y libre, mediante el cual la humanidad pueda ser mejorada; esto sería de desear, pero creo que nuevamente lo institucional acabaría por engullir a este tipo de artistas, muy a su pesar.


En el texto de África Vidal Claramonte

(5)

, se nos presentan una serie de artistas (mujeres) cuyas obras han tratado de luchar contra los estereotipos femeninos creados por el poder establecido y en contra de cómo la imagen de la mujer ha sido utilizada por los mass-media como un mero instrumento de deseo para el hombre-macho occidental (aunque en mi opinión ésta es una característica de cualquier sociedad patriarcal, no solo la occidental).


La postura que se defiende frente a lo institucional, es la que, partiendo desde el punto de vista de las mujeres artistas, intenta cambiar, o más bien actualizar los modos artísticos que genera la condición femenina

(6)

, pero, en nuestra opinión, esta postura trata quizás de ampliar el campo de lo institucional para dar cabida a ese arte de género denostado por las tendencias masculinas dominantes (del mismo modo podía haber versado su texto sobre otras minorías, como la étnica, la homosexual o la de clase social). No nos reporta ninguna solución a la pregunta planteada por nosotros.



David G. Torres en su artículo Who´s affraid of Jenny Holzer?

(7)

, nos propone, no una solución, sino una resolución: No hay posibilidad de comportamiento político en arte que no parta o no surja de un fuerte, claro y abierto compromiso con el propio trabajo. Lo que no tiene nada que ver con el hecho de que se venza o no, sino simplemente con el hecho de estar en posición de discutir desde términos justos: sencillamente constatar que se existe.

(8)


Fotografía de un trabajo de Jenny Holzer realizado en 1982 para la pantalla electrónica Spectacolor de Times Square

Quizás sea ésta la única respuesta o propuesta factible a realizar: trabajar y trabajar con la ilusión de mejorar alguna cosa, por pequeña que sea…



Nosotros no lo creemos así; pensamos que existe además otra posibilidad para escapar a la absorción de lo institucional: proponemos la realización de un arte anónimo, un arte que no pretenda más que ser arte, comunicación, que rechace las lisonjas del capital, de la fama y del poder (aunque sepamos que ese anonimato del arte seguramente entraría en conflicto con el ego del artista, y en general con la vanidad del ser humano).


Ese arte anónimo al no tener cara (firma) podría ser realizado por cualquiera y de esta forma sería un verdadero arte social y político, que escaparía a toda manipulación desde el poder institucional.


Si el artista como tal, desapareciera, aunque no su impulso renovador y utópico, quizás el poder de la institución recularía, no tendría qué clasificar, pues cualquiera que buscara esa utopía debería ser en efecto un artista anónimo. De este modo toda la buena voluntad y el desinterés del ser humano serían un hecho artístico en sí.



(1) “[…] la búsqueda de una experiencia desgajada de la institución se convierte en una de las escasas vías de las que aún disponemos para comprender, tal y como apuntaron Juan Hidalgo y Valcárcel Medina hace algún tiempo, que todo arte es político . Y ello es así por un hecho muy simple: tras el fracaso de las vanguardias en su intento de transformar la sociedad, el arte se ha convertido en una pieza más del espectáculo postmoderno. Transmutado, por ello, en una de las sofisticadas piezas del mecanismo cultural; su integración en el sistema de consumo ha provocado su transformación en producto de mercado y, por tanto, en algo dotado de valor cambio aunque no de uso”, PÉREZ, David, Y la nave va: la institucionalización omnipotente, Papers D´Art , n° 74, 1r semestre 1998, Girona, ED. Fundació Espais, p. 31

(2) En nuestra opinión, el arte, como comunicación (sea con el vecino o con el más allá), necesita del otro, de algún interlocutor capaz de leer el mensaje, y es por esto por lo que es indisoluble de lo social, de lo colectivo; a la misma vez, nos parece que con lo político ocurre igual: toda sociedad se rige por una serie de relaciones de poder (políticas), que surgen de esa misma colectividad, y que, como apuntaba Foucault en su epílogo al libro Michel Foucault: Más allá del estructuralismo y la Hermenéutica, “El ejercicio del poder no es simplemente una relación entre parejas, individuales o colectivas; se trata de un modo de acción de algunos sobre otros. Lo que por supuesto, quiere decir que no existe algo así como el Poder, con letra mayúscula o sin ella, que existiría universalmente, en forma concentrada o difusa: sólo existe el poder que ejercen unos sobre otros ; el poder sólo existe cuando se ejerce […]”

(3) DEBORD, Guy, Informe sobre la construcción de situaciones y sobre las condiciones de la organización y la acción de la tendencia situacionista internacional. Documento fundacional (1957), Fuera de Banda , n° 4, edición electrónica, http://www.sindominio.net.

(4) BREA, J. L., Ornamento y utopía. Evoluciones de la escultura en los años 80 y 90, ARTE: PROYECTOS E IDEAS , n° 4, mayo 1996, ED. UPV, Valencia.

(5) VIDAL CLARAMONTE, África, Intervenciones de mujeres , en Muniello, Óscar (Coord.), Los últimos 30 años. Panorama del Arte Contemporáneo. 1960-1990 , Oviedo, Caja de Asturias, Obra Social y Cultural, 1995.

(6) “Las artistas que he ido mencionando desean dejar claro, en suma, la relación entre el poder establecido y la imagen tradicional que de las mujeres se ha dado; la relación entre el consumo y el deseo; entre el mercado capitalista y el arte contemporáneo. Empezaba esta intervención preguntándome si el arte debe o no ser político y contestando afirmativamente. Creo que las obras citadas, y otras muchas, ratifican la necesidad de que el arte esté comprometido, sobre todo en un momento histórico como el nuestro en el que prima la desideologización y los valores de lo que se ha denominado Generación X”, Ibidem. p. 373-374.

(7) G. TORRES, David, Who´s affraid of Jenny Holzer, en Papers D´Art, op. cit.

(8) Ibidem . p. 39


Arte en la ciudad: Visiones múltiples sobre el espacio público
Ciclo de Conferencias sobre arte público. Cartagena 2006.



El epígrafe Arte en la ciudad da significado a la confluencia de dos seres multiformes (y quizás monstruosos): lo artístico (el arte) y lo público (lo de todos: las ciudades, los bosques, los mares, el territorio común, y también la sanidad, la educación, las leyes, las costumbres... y en definitiva el gobierno de nuestras ciudades y de nuestro Estado)


Los conferenciantes de este primer ciclo han venido a mostrar que una de las cuestiones artísticas más actuales y discutidas es el uso de los espacios públicos como soporte para la expresión de ideas individuales que afectan o deberían afectar a la manera que tenemos nosotros los ciudadanos de mirar y de relacionarnos con el medio que habitamos, las ciudades. También se ha pretendido dar a conocer y discutir el-los significados de lo público, y cómo el arte y los artistas abordan los problemas que generan su gestión y su uso.


Street art en vivo sobre un muro de una calle de Cartagena, y amenizado con música de djs

Lo que llamamos espacios públicos, más allá de lugares comunes de ocupación, disfrute o discusión, representan la cercanía inevitable en la que todos estamos inmersos.


El espacio público debemos considerarlo como todo aquello que se nos presenta al salir de nuestros hogares tras echar el cerrojo, (aunque a veces lo privado también se pueda convertir en algo público). Esto incluiría el rellano de la escalera y la escalera misma, o el ascensor en su caso; el hall del edificio o el parking, la calle, plaza o parque; el exterior del edificio (su fachada) que tenemos al frente o a un lado de nuestro campo visual; las vallas publicitarias de todo tipo (soportes públicos que gestionan nuestros gobernantes, no lo olvidemos); las señales de tráfico, carteles indicadores y alumbrado público; los coches y en general los medios de transporte en las ciudades; el exterior y el interior de instituciones al servicio público (otra vez sale la palabra); las entidades privadas como bancos, hospitales, polideportivos, bares y

Una de las performances que se realizaron en las calles de la ciudad

discotecas… que se abastecen de clientes (público). Por último tendríamos que tener en cuenta también a los medios de comunicación de masas (los mass-media), que a pesar de no ocupar un espacio físico en las ciudades, si que ocupan un espacio sociológico y significante dentro de un todo público (accesible).



Todo lo anterior se podría definir como espacio público, con las consabidas restricciones marcadas por las leyes y usos consensuados por todos a través de la Democracia actual que rige en nuestro país.


Decía entonces que todo representa una cercanía inevitable en el sentido de que vivir en una sociedad significa participar de la unión de un grupo de seres humanos que buscan cooperar entre sí para lograr vivir, o sobrevivir, evitando los conflictos y ayudándose a alcanzar un estado del bienestar. Esto implica mantener relaciones a nivel familiar y a nivel de amistad en primer lugar, después a nivel del vecindario o del barrio donde habitamos, a lo que le sigue el nivel de habitante de una ciudad, a nivel de una región geográfica concreta; y en el último nivel estarían las relaciones de identidad social o nacional (leyes, idioma, tradiciones, gastronomía…)


Todo esto no hace más que reforzar la idea que lo público, los espacios públicos, son los que acordamos entre todos para el uso común, para la comunicación y como escenario de esas relaciones más allá del yo de cada individuo.


Debemos acordar que esos espacios están o deberían estar a disposición de cualquier ciudadano o grupo que los solicite para ejercer su derecho (democrático) a expresarse, a exponer sus ideas, sus quejas y críticas, sus deseos... y en definitiva a decir o hacer lo que le venga en gana con el consentimiento tácito de todos los demás individuos de esa sociedad consensuada.



Es y debe ser igualmente aceptable tanto una manifestación, como un acto religioso, como un desfile militar, como una propuesta arquitectónica (o es que los arquitectos no crean imagen o visiones de la ciudad-sociedad), como el anuncio de la nueva temporada del corte inglés, o como la peatonalización de una calle o la creación de una carretera con sus cruces y rotondas…,

El espacio público de Cartagena se vió inundado con piezas artísticas instaladas en numerosos lugares, como el homenaje que Domingo Llor dedicó a la película El planeta de los simios y que se ve en la imagen

y también deberíamos aceptar, dentro de esta misma libertad de acción, las reacciones contrarias a todos los puntos anteriores.



Todos ellos, como actos de presentación o de representación de los devenires de una sociedad y de una ciudad más en particular, nos amplían y modifican la visión de lo que encontramos tras echar aquel cerrojo a nuestro espacio privado. No sé si para bien o para mal, si para uso o desuso, si para disfrute o disgusto, esto lo decide cada uno de manera individual, pero lo que sí sé es que éstas son las reglas del juego democrático o social en el que todos estamos inmersos.


Dentro de este marco es donde los artistas que tratan de comunicarse, pueden encontrar otro escenario accesible y cercano (y quizás más libre), más allá de las galerías y los museos, en el que contribuir al avance-discusión de ese estado del bienestar.



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